Se viene un cambio

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Cada día que pasaba me sentía culpable. Creía que algo andaba mal. Por eso no la culpaba. No sé si lo comprendía, quizá más bien lo justificaba. La primera vez fue un tirón de pelos. Estaba cocinando. Ella llegó a casa como preocupada y de mal humor. Le pregunté qué le pasaba. Me dijo que no tenía ganas de hablar, que me callara. Insistí, me acerqué a él para ayudarlo y le volví a preguntar.  Porque lo veía mal. Me insultó y me agarró de los pelos. Un instante, las dos congeladas, mirándonos a los ojos. Me soltó y me pidió perdón. 

Me abrazó enseguida. Perdón. Perdón. Perdón. Tres veces. Yo no pude llorar, no estaba preparada para eso.

Le dije que se quedara tranquila. Y que lo quería, que todo iba a cambiar. Que estaba ahí para ayudarla. Porque era su compañera. Te quiero, me dijo al oído. Y no comimos. Nos fuimos a dormir. La vida seguía. Todo era normal. Aquello fue algo aislado. No tenía sentido quedarse con eso. Decidí olvidar. Todos nos equivocamos.


Y ella también tenía derecho a equivocarse. Por eso la segunda vez no me sorprendió, quizá. Volvió tenso, apurado. Le hablé y no me dijo nada. Le volví a hablar y me insultó. Se acercó a mí rápidamente. Yo lo esperaba con la mirada del miedo. ¿Tú eres tonta? ¿Eres tonta? ¿Eh? Mientras me agarraba el brazo fuertemente.


Fue una cachetada en la mejilla derecha. No solté la ropa que en ese momento estaba tendiendo. ¿Ves lo que me haces hacer? Y se fue. Me quedé dura.

Y al rato empecé a temblar. Sola en casa. Me di cuenta que algo estaba cambiando. Y lamentablemente sentía que sólo podía aceptar eso. Silencio y aceptación. Y cuando uno se acostumbra a las cosas, se hacen normales. Por eso la vida seguía normal. A veces bien, a veces mal. Como la vida misma.

Había días muy felices, llenos de amor. Habían días que me dejaban el alma y el cuerpo temblando. Pero eran días. Y en la vida hay muchos, así que nunca pude culparla.


Se viene un cambio

Durante mucho tiempo intenté entenderla. Porque estaba presa de la costumbre, además eramos hermanas. Y la costumbre era la realidad. Una realidad espantosa. Mucho miedo. Mucha violencia. Muchos dolores. Los físicos aprendí a soportarlos. Los otros dolores me iban matando.

Cuantas veces nos ha sucedido esto, creemos que insultando, maltratando, buscamos intimidar a los demás; grave error lo que buscamos es alejarnos uno de otro en la familia, con los amigos, no permitas que tu orgullo o enojo te lleve a perder una relación armoniosa, el cambio es ahora, ya que mañana sea tarde.

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Alo emprendedores

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¿PORQUE DEBEMOS EMPRENDER?

Una de las limitantes que encontramos cuando tenemos una idea en la que nos gustaría invertir es que no confiamos en que la idea por si misma pueda ser convincente para los demás. No todos los consumidores son emprendedores pero definitivamente todos los emprendedores son consumidores.