Trabajando por presión

Muchos empresarios y algunos trabajadores la capacidad de trabajar “bajo presión” es una virtud, entendiendo como tal el don para resolver de forma satisfactoria la actividad que se desarrolla aunque las circunstancias que la rodeen resulten totalmente adversas. No es extraño observar, en las ofertas de trabajo, esta capacidad como requisito a cumplir por el candidato.


El desarrollo de toda tarea o actividad de tipo laboral ya implica una dosis mayor o menor –pero siempre presente- de presión, generada por la incertidumbre sobre el éxito o fracaso que constituya el resultado.

Sin embargo, algunos líderes y/o empresarios entienden la presión como un método en sí mismo para aumentar la productividad o rentabilidad de sus empleados, aplicando en la relación entre jefe y empleado el mismo concepto que en la máquina de vapor –de hecho, la expresión “bajo presión” proviene de la época en que se inventó dicha máquina-. Es entonces cuando se corre el peligro de perder el contacto con la inteligencia emocional y no sólo no conseguir mejorar la labor del empleado sino ciertamente lograr echarla a perder.

El primer peligro y quizás el más evidente lo constituye el hecho de que si aumentamos el nivel de exigencia con la misma recompensa por la labor realizada –incentivo entendido no sólo en su vertiente económica sino fundamentalmente emocional-, podemos provocar una situación de insatisfacción que, indudablemente, repercute de forma negativa en su rendimiento.

Otro peligro viene dado por la acción – reacción del propio hecho en sí de aumentar de forma unilateral la presión a la que se ve sometido el empleado, pudiendo llegar más fácilmente a una atmósfera enrarecida en lo que a las relaciones personales se refiere. Cuanta más tensión preside nuestra labor, más propensos somos a proferir malas respuestas, a discutir con los compañeros cuya labor interactúa con la nuestra, etc. 


En definitiva, tendremos en líneas generales peor humor cuanto mayor sea la famosa “presión”, lo que nos lleva a concluir, sin el menor género de duda, que trabajar bajo presión no es beneficioso para el trabajador, pero tampoco para la empresa.

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