El pensamiento acelerado como sindromen

Uno de los efectos de esta verdadera avalancha de información es que las personas no logran tranquilizar su cerebro, y así sufren de un pensamiento acelerado y no logran gobernar ni organizar sus pensamientos. Este síndrome sería como una especie de hiperactividad mental, la que no se trataría como en los casos de niños con déficit atencional de un cuadro genético, sino que será funcional, por exceso de estímulos visuales. Un niño que para funcionar se acostumbra a tener una enorme multitud de estímulos, termina por hacerse dependiente de ellos. Se trata de una dependencia sicológica. Muchos padres y profesores se quejan que les cuesta mucho que sus hijos les presten atención.

Los niños y adolescentes sometidos a este bombardeo de estímulos presentan otros síntomas, como irritabilidad, olvidos frecuentes, y dolores de cabeza entre otros. Los olvidos son producto de que es imposible contener esa cantidad de información en la memoria, por lo que se interfiere el recuerdo. Cury plantea que el cerebro bloquea información como una forma de gastar menos energía.

Disminuir el tiempo frente al televisor, y cambiar la niñera electrónica por la posibilidad de establecer vínculos, con personas que puedan enseñar a los niños el valor de la ternura, la generosidad, la tolerancia ante las diferencias, y a ser sensibles al dolor de los otros, es una buena manera de ayudar a pensar con tranquilidad.

Además ayuda a disminuir este pensamiento acelerado, darse el tiempo para conversar con los niños, en una atmósfera calmada, en que las experiencias de los niños se escuchen de modo que puedan razonar, elaborar, esquematizar y organizar sus pensamientos. De esta manera se logrará que la información lo inspire, que en ocasiones lo haga pensar, por ejemplo en cómo mejorar sus relaciones personales y en cómo convertirse en una mejor persona.

Un aporte a la salud mental de los niños pasa por no alimentarlo de basura y no dejar que la memoria de su hijo se transforme, como decía Cury, en un depósito de datos inútiles, que se archivan en la memoria, sin siquiera los niños estar conscientes que están registrando.


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