Quiero ver a Dios

quiero ver a Dios

Dicen que un niño pequeño quería ver a Dios. Sabía que era un viaje largo y duro y por eso metió en su mochila algunos pastelitos, re-frescos, caramelos y ropa suficiente.

Al entrar en el parque de juegos se encontró con una mujer anciana, sola, contemplando las palomas. Se sentó junto a ella, abrió su mochila y sacó su merienda. Vio que la anciana parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelito. Ella lo aceptó y le regaló una maravillosa sonrisa.

Como al niño le agradó esa expresión y quería verla sonreír de nuevo, le ofreció un refresco y el niño quedó encantado. Allí estuvieron toda la tarde, comiendo y bebiendo, pero no se dijeron ni una sola palabra. 

 

Cuando oscureció, el niño se dio cuenta de lo tarde que era; se levantó, se despidió y le dio un abrazo de despedida y agradecimiento. Ella, después de abrazarlo, le regaló con la sonrisa más grande y bonita de su vida.

Cuando llegó a su casa, su madre advirtió el gesto inmensamente feliz de su hijo, y le preguntó: 

—¿Qué hiciste hoy que te hizo tan feliz? El niño contestó: 

—¡Mami, hoy almorcé con Dios! —Y antes de que su madre añadiera algo le dijo: 

—¿Y sabes?, ¡tiene la sonrisa más hermosa que he visto! 

Mientras tanto la anciana, radiante de felicidad, regresó a su casa y su hijo, sorprendido, le preguntó: 

—Mamá, ¿qué hiciste hoy que vienes tan contenta? Ella respondió: 

—¡Comí con Dios en el parque! Y ¿sabes? ¡Es más joven de lo que yo pensaba! 

 

¿Estamos listos para ver en nuestro prójimo más que a una persona? ¿Somos fuente de felicidad para los demás? ¿Podemos compartir las cosas y, sobre todo, el amor?


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¿PORQUE DEBEMOS EMPRENDER?

Una de las limitantes que encontramos cuando tenemos una idea en la que nos gustaría invertir es que no confiamos en que la idea por si misma pueda ser convincente para los demás. No todos los consumidores son emprendedores pero definitivamente todos los emprendedores son consumidores.

Las ideas que tenemos seguro provienen de: algo que pensamos debería existir o una forma en que pensamos deberían ser las cosas. Emprender marca diferencia y agrega un estilo personal a un servicio o producto que ya existe. Basta estructurar esta diferencia en un esquema formal para tener el primer bosquejo del que será nuestro negocio.