Convierte a tus clientes en vendedores

Convierte a tus clientes en vendedores

Cierto día se me acercó una persona totalmente desconocida me hizo varias preguntas acerca de mi reloj. Dijo que le había llamado mucho la atención. No quiso quedarse con dudas y se acercó a mí justo cuando estaba a punto de abandonar el restaurante donde me encontraba.

 

 Como había ido solo no tuve ningún problema en quedarme un rato más y explicarle dónde lo había adquirido, cuál fue su precio, además de las características del reloj, lo que me había gustado de él y algunas observaciones que no podía dejar pasar (tales como que la manecilla del segundero suena muy fuerte y tengo que esconder el reloj todas las noches para no escuchar el sonido que produce). La verdad, el reloj es llamativo y con un buen diseño.

No me considero el experto en relojes, pero luego de unas horas de aquel encuentro me di cuenta de lo que realmente había sucedido: actué como un vendedor para el fabricante y sin cobrar un solo centavo (basta decir que convencí a aquella persona para que adquiriera el modelo).

Este tipo de situaciones, conceptualizadas actualmente como economía colaborativa, se pueden repetir de las formas más diversas y con cualquier producto o servicio en un día normal.

Cuando un cliente se vuelve nuestro propio vendedor  se debe tener un cuidado especial si queremos explotar este tipo de economía colaborativa. Como bien sabemos, un cliente contento puede recomendar un producto a 10 personas, pero un cliente insatisfecho le contará todo lo negativo de tu producto o servicio a todo aquel que tenga oportunidad de hacerlo.

También se debe tener en cuenta que muchas personas tienen la costumbre de preguntar a sus familiares, compañeros de trabajo o amigos acerca de cierto producto o servicio que pretende adquirir.

Si nos preguntamos, ¿qué dirían mis clientes acerca de mi producto o servicio si alguien les preguntara? Es una suerte de doble filo, al parecer. Pero no hay porqué entrar en pánico.


Una amiga me converso que llevó a su hijo de 6 años a un curso de verano donde recibía un entrenamiento para aumentar sus habilidades físicas. Su entrenador le recomendó que invitara a los amigos de su hijo a participar en el curso, claro, con un descuento tanto para ella como para los amigos que se inscribieran también en el curso.

 

De una forma sencilla el entrenador sabía que iba a obtener más dinero con los amigos del hijo de mi compañera, mientras que el pequeño iba a estar más motivado para realizar los ejercicios que exigía el curso.

 

De esta manera se cumplía la llamada economía colaborativa de la que hemos estado hablando en el presente artículo.

 

Para la empresa que busque crear este tipo de relaciones tendrá que aplicar un esquema “clientes-familia-amigos” donde, a través de una motivación (puede ser económica o de otro tipo), el cliente se comprometa a hablar sobre las características de nuestro producto o servicio a sus amigos o familiares; a su vez, estos últimos también tendrán alguna motivación para acercarse a conocer nuestros productos.


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¿PORQUE DEBEMOS EMPRENDER?

Una de las limitantes que encontramos cuando tenemos una idea en la que nos gustaría invertir es que no confiamos en que la idea por si misma pueda ser convincente para los demás. No todos los consumidores son emprendedores pero definitivamente todos los emprendedores son consumidores.

Las ideas que tenemos seguro provienen de: algo que pensamos debería existir o una forma en que pensamos deberían ser las cosas. Emprender marca diferencia y agrega un estilo personal a un servicio o producto que ya existe. Basta estructurar esta diferencia en un esquema formal para tener el primer bosquejo del que será nuestro negocio.